La crisis del liderazgo
El mundo está hecho cada vez más de seguidores. Gente que sigue la moda y el “tren” del momento, al influencer más grande y al podcast más famoso, o que sigue su serie favorita o a su músico preferido sin importar a dónde vaya.
En principio esto no está mal. De hecho, es bastante valioso tener un modelo a seguir en muchas situaciones en la vida. (Que los modelos que la gente decida dejar que los influencien sean una buena influencia es otro asunto)
Pero sobre todo, en muchas ocasiones necesitamos ser capaces de decidir por nosotros mismos qué es lo que está bien, qué no está bien, y por qué. Y esta es una habilidad que parece estar desapareciendo.
Y el problema es que, en un mundo de seguidores, cualquiera puede ser líder. O para decirlo de otra manera, cualquier idiota con aspiraciones puede conseguir una gran influencia. Y como puede que te imagines, esto no es una muy buena condición.
Idealmente debería haber una amplia selección de líderes que puedes escoger seguir, dependiendo de tus valores y tus propósitos personales. Pero como sucede demasiado a menudo en el mundo de la política, cuando hay escasez de líderes, terminas escogiendo a lo menos peor (Y el menos peor rara vez es realmente bueno), o entras en apatía completa y dejas que los demás escojan por ti, lo cual tampoco lleva a buenos resultados.
Necesitamos líderes con integridad, líderes capaces de señalar lo que está mal, incluso cuando nadie más tiene el valor de hacerlo. Líderes que no solo sigan modas, sino que pongan un ejemplo verdaderamente bueno y productivo, sin importar que vaya en contra de lo que la mayoría piense, o de lo que la minoría poderosa prefiera.
Pero hablemos un poco, una vez más, de qué es un líder, o qué es el liderazgo en primer lugar.
Y la verdad es que, por poco que me guste el término “influencer”, realmente está muy cerca de la definición real del liderazgo. Al fin y al cabo, el liderazgo es básicamente influencia.
¿Qué es liderar, sino sencillamente influenciar a la gente para que siga por el camino que tú consideras el correcto?
Así que, si estás leyendo esto y estás pensando “muy bonito y todo, pero yo no soy líder…”, pues la verdad es que sí puedes serlo, y probablemente ya lo seas. No tienes que volverte CEO o gobernador para ser líder. De hecho, ni siquiera tienes que ser un director de operaciones. Basta que seas padre, hermano, esposo, esposa, amigo, colega o vecino. Y que tengas las agallas para decir lo que consideras que está bien, lo que consideras que está mal y dar ejemplo de cómo debería comportarse la gente a tu alrededor.
Deja de tragar entero y creer en todo lo que escuchas. Deja de pensar en blanco y negro, y ver a los que no son tus amigos como tus enemigos. Un buen líder observa, y ve diferencias pequeñas donde los demás generalizan. Y un líder no basa sus decisiones en lo que le hice la radio, el periódico o el influencer de TikTok de turno: basa sus creencias en lo que ha observado, con sus propios ojos, que es verdad.
Si eres capaz de hacer todo eso, eres un líder, aunque sea en un círculo reducido.
O por lo menos, tienes el potencial de serlo.
Y espero que lo hagas realidad.



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